System Crasher: Un guion a la altura de la realidad

Nora Fingscheidt emociona con esta reflexión sobre el sistema, el desamor y la ira, con un guion tan roto como la realidad que representa. La Naranja Mecánica del 2019.


SPOILER ALERT. Nora Fingscheidt escribe su primer largometraje de ficción y es impecable porque logra encajar piezas dentro de un engranaje. Piezas que construye y que se nos aparecen como lógicas, pero no lo son. Un guion hecho a la medida del personaje de Benni y su conflicto, como debe de escribirse un buen guion. A la vez, es un personaje único confeccionado a la medida de una historia que puede representar muchas, que se lleva al extremo para evidenciar los límites de un sistema. El guion habla de ira en la superficie, producida por el desamor de una madre. En lo profundo la obra habla de amor. No habla de una niña problemática. Habla de cómo el sistema nunca puede ni podrá suplir el desamor de una madre.


El guion es caótico porque el conflicto atraviesa el personaje principal es justamente el caos constante e increscendo. No tiene fin, no existe la paz. Es un guión que tiene una estructura espiralada, que empieza muy arriba y va a más, más, más. Es una explosión que deriva a otra y otra. En un momento termina porque es un film, pero nos deja la sensación de que podría seguir incansablemente a más el resto de la vida del personaje protagónico. El único final posible es la muerte, no hay otro.


La historia empieza detonada, por eso se puede decir que no es un guion clásico. No sabemos cuál fue el primer ataque de ira de Beni o a raíz de qué. No sabemos si fue como consecuencia de un maltrato o abuso por parte de un adulto o si ha nacido con éste caracter irascible e ingobernable. No sabemos si el maltrato lo recibió su madre y ella simplemente lo expresa. No sabemos que fue primero si el huevo o la gallina. No sabemos cómo es que separan a Beni de su mamá, la primera vez. Es un devenir constante.

La historia se va desdoblando a medida que avanza entonces, a través de lo constante, se pueden tener firmes intuiciones sobre lo que le pasa a Beni.


Por un lado, no tiene raíz. No pertenece a ningún lugar, casa, o familia. Cuanto más la cambian de hogar, más desterrada se siente y más iracunda, por ende. Este es el conflicto que las normas burocráticas no son sensibles de atender.

Pero cuando deja de sentir ese vértigo y se siente parte, aunque sea por un momento, ella devuelve amablemente. Lo que indica que la niña no está enferma, hay una coherencia y es el entorno el que no tiene suficiente sensibilidad como para comprender lo que le pasa. Excepto Micha, el único que la comienza a comprender.

Podría plantearse que la aparición de su tutor escolar Micha es el detonante de la película, ya que invita a pensar en un posible acercamiento humano entre Beni y él, una posible salida para la niña. A lo largo de la película descubriremos que Beni fallará en esta oportunidad de encajar de algún modo en la sociedad. Pero falla cuando descubre que esa oportunidad de afecto no es genuina, sino que es parte del trabajo de sus cuidadores ser afectuosos.


Otra intuición del guion es que Beni elige fallar porque no quiere vivir en una sociedad que no está gobernada por el amor. Ante las oportunidades se boicotea, lastima y hace daño. Hace todo lo que le dicen que no haga. Incluso cuando no tiene intenciones de hacer daño, los adultos desconfían de ella y le temen.

También se puede intuir que lo único que Beni sufre es un fuerte desarraigo maternal. La madre como raíz protectora no está o no puede estar. El Estado intenta ser esa raíz y dar contención, pero Beni -a diferencia de otros niños en su misma situación- tiene un punto de lucidez adulta inquietante. No es de esos niños que los puedes convencer con un dulce. Beni se conoce las artimañas adultas, por eso no encaja en ningún costado de la burocracia. Beni tiene conciencia de sí misma, de que es un problema para todos los que la rodean. La construcción de este ecosistema donde puedes comprender el punto de vista de cada uno de los personajes, es lo que lo convierte en un guion en diferencial.

Se podría decir que los personajes que rodean a Beni, la directora a cargo de elegirle lugar, todos los educadores, una madre sustituta y los otros niños no se vislumbran en sus conflictos personales o en sus personalidades. Excepto Blanca, la madre de Beni y su tutor, que parecen tener elecciones personales por fuera de lo burocrático, lo que le imprime brillo y realidad.

Esta película es un enorme ejercicio de reflexión que llega al espectador por lo errática y agujereada. Ese nivel de realismo sólo se puede alcanzar con un guion igualmente agujereado, constante y visceral, como la vida misma. A la vez, se expone desde el punto de vista de una niña, que aún con la desesperanza, quiere creer en la fantasía.