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A Los Sonámbulos le faltó espabilarse

La película de la directora argentina Paula Hernandez estrenada en 2020 es una interesante propuesta narrativa, sin embargo algunas puntas quedaron deshilbanadas y fuera de tono. En este artículo te explico por qué.


Primero, lo bueno. En lo personal me gusta mucho estas apuestas, porque son mucho más complejas de escribir, así que mí crítica es para un ojo profesional y al detalle. Son apuestas difíciles porque son ese tipos de guiones que pretenden soterrar los conflictos, ya que se presentan en las propias relaciones entre los personajes.


De este modo, es un tipo de producción que se apoya mucho en la calidad artística de los actores. Ha sido una elección acertada la elección de ambas protagonistas, con una Erica Rivas, muy a lo Erica Rivas, donde esperamos todo el tiempo verla explotar como nos tiene acostumbradas. En esta película esa es la gracia del guion.


Ya desde la primera secuencia se nos dice que algo malo va a pasar. Entonces hay un increscendo de tensión que los actores sostienen en general bien, excepto alguna excepción, como por ejemplo la de Rafael Federman, quien no termina de convencer por el tono de su actuación, con una energía tan liviana respecto de lo que propone el guion de una densidad mórbida y subterránea.


Lo que le falta. Por momentos el guión navega por zonas de típico costumbrismo argentino, reuniones familiares alrededor de una mesa, pasto y olor a cloro, con una bien formulada relación familiar entre los personajes, sobre todo las dos protagonistas, madre e hija. La tensión entre ellas es muy tensa y, de alguna manera extraña, encuentra solución hacia el final de la película.


Por otro lado, definitivamente hay algunas secuencias que no fueron buenas desiciones de montaje (o de guión), como por ejemplo cuando los chicos se quedan tomando en la noche de campamento. Es una secuencia que se sale completamente del tono, y se acerca a un estilo casi de video clip musical, totalmente innesesario.

Aún así, lo que más me incomodó fue que hubieron ciertas reacciones de los personajes, o explicaciones que resultaban obvias para justificar el avance del guion, a veces caprichoso.


Por ejemplo, se repite muchas veces que la familia padece la enfermedad del sonambulismo, pero más que eso no sucede. Parece casi no entramarse con el drama familiar. Hago esfuerzos por trazar lazos entre esta enfermedad y el descenlace de la película, pero no aparecen. Si Ana, la hija, por ejemplo, de repende se cura del sonambulismo, tras estas vacaciones traumáticas, o si por el contrario empeora, tendría un significado dramático esta enfermedad. Claro que es una enfermedad de la que se sabe poco, pero ¿cuál es el significado para la directora que sean sonámbulos en vez de hemofílicos? No se sabe porque no queda claro. El hilo de tensión llega tan arriba hacia el desenlace, que se hace imposible no pretender una hipótesis de guion en este film.


Por último, se entiende la preocupación de ambos padres porque Ana no duerma fuera de la casa ya que es sonámbula, pero al parecer están dentro de la propiedad de la familia, con lo que sus reacciones parecen forzadas y a merced de lo que -imaginamos- vendrá después. Y eso pasa. Después viene la violencia explícita. Por eso es una falencia, porque se anticipa. Erica Rivas y Luis Ziembrowski nos anticipan algo terrible en esa búsqueda. Se espera que suceda lo peor, y sucede. La pregunta es: ¿Es esta la mejor forma de contar el desenlace de éste guion o hubiese sido más interesante indagar otros derroteros de una tensión más contenida, hipócrita, soterrada, como parece que describiría más a todo el entorno familiar de locura y de poco buen dormir.


Contame qué te pareció si la viste.

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